«El Señor Shiva es el Regente del Universo,
quien preserva en Sí Mismo la Creación y
vela porque se mantenga,
siendo capaz de destruir todo aquello
que atente contra su sano andar».Mataji Shaktiananda
Shiva no es solo una deidad dentro de la tradición védica, donde ocupa un lugar destacado en la Trimurti como el destructor que complementa a Brahma, el creador, y a Vishnu, el preservador. Es, a un nivel aún más profundo, la manifestación de la fuerza que rige y sostiene al Universo entero.
Shiva es Mahadeva, el «Gran Dios del Universo». Las antiguas tradiciones lo reconocen como tal desde hace milenios. En los Vedas, las primeras escrituras sagradas reveladas a la humanidad, Shiva es alabado y adorado como Rudra. Algunos eruditos sugieren que su culto ya existía en épocas pre-arias o pre-védicas. El nombre «Shiva» significa «el Radiante» y, en ocasiones, se traduce como «el Auspicioso». En las épicas del Ramayana y Mahabharata, es reconocido como el Gran Padre Creador.
Se dice que el Universo nace de la voluntad del Señor Shiva y que su emanación, conocida como Shakti (Energía o Madre Divina), es el medio a través del cual se manifiesta. Shiva es Pura Conciencia, en perfecto estado de autoconocimiento y autorrevelación. Desde los planos del Absoluto, actúa junto a Brahma y Mahadevi (Shakti), sosteniendo con su meditación el equilibrio de las fuerzas universales. Cuando el desequilibrio inclina la balanza hacia la oscuridad, activa la esfera de Vishnu, asociada a la preservación.
Shiva es el gran asceta cósmico, quien «medita» o «contempla» para sostener la Creación hasta que, al final del tiempo (el cierre de un ciclo de manifestación), se activa su aspecto transformador o destructor como Rudra, guiando a la creación de regreso al Origen Primordial.
Desde una perspectiva científica, la Fuerza Shiva puede compararse con la fuerza centrípeta de la física, que atrae la materia hacia su centro, disolviendo todo lo que impida su trayecto. Por esta razón, Shiva es considerado el destructor del karma (el registro de energías discordantes en un sistema-alma). Su emanación disuelve patrones limitantes y permite la liberación del samsara, el ciclo de nacimiento y muerte, facilitando el retorno a la Unidad.
En su representación más abstracta, Shiva se manifiesta como Shiva Lingam, un símbolo que, activado mediante rituales y mantras milenarios, proyecta su fuerza transformadora. El Lingam, descansando sobre la base circular llamada Yoni, da cuenta de la unión de los principios masculino y femenino, el equilibrio cósmico esencial para el continuo proceso de creación y destrucción.
En su forma antropomórfica, Shiva se describe como un asceta meditando en el monte Kailash, cubierto de cenizas y adornado con serpientes, imagen que simboliza el poder del desapego y el control sobre los instintos primarios y materiales. Su fiel vehículo es Nandi, el toro que representa la fuerza, paciencia y devoción necesarias para alcanzar a Shiva.
El Mahashivaratri, la noche más auspiciosa dedicada al Regente del Universo Consciente, es una aspectación planetaria única en el año, que hace posible el descenso de sus frecuencias de la forma más pura para que así cada alma dispuesta pueda alinearse con su fuerza transformadora. A través de rituales y meditaciones, se profundiza la conexión con este aspecto divino, permitiendo la expansión de la conciencia.
Te invitamos a participar en la próxima celebración de Mahashivaratri y prepararte de la forma más exacta para recibir la emanación y fuerza del Señor Shiva.
Conoce más aquí: www.fuerzapadre.com
¡Om Namaha Shivaya!
